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Émile Benveniste: figura señera de la lingüística del siglo XX


Por Edgardo Castro

Émile Benveniste no forma parte de esa lista de nombres que aparecen frecuentemente mencionados en los medios o de la de los autores de actualidad. Y, sin embargo, por su vida y sus escritos es uno de los grandes personajes del pensamiento contemporáneo.


Nacido en Siria en 1902, emigra a París a la edad de once años, para ingresar a la Escuela rabínica. La abandonará rápidamente y ya no volverá a reencontrarse con su madre. En su juventud estuvo cerca del movimiento surrealista de Louis Aragon y André Breton. Fue director de estudios en la Ecole Pratique des Hautes Etudes, en París, donde se convirtió en el sucesor del célebre latinista Antoine Meillet, cuyo lugar también ocupó luego, en la cátedra de gramática comparada, convirtiéndose a los treinta y cinco años en profesor del Collège de France.

Durante la guerra fue prisionero, al igual que su hermano finalmente deportado a Auschwitz. Emile logró evadirse y se exilió en Suiza, donde se desempeñó como bibliotecario en la Universidad de Friburgo. Después de la guerra, entre otras tareas, dirigió el Instituto de estudios iraníes de la Universidad de París y fue el primer presidente de la Asociación de semiótica internacional.

La salud le jugó varias malas pasadas. Sufrió un primer infarto en diciembre de 1956 y, en 1969, un ataque cerebral lo dejó paralizado y, particularmente trágico para un hombre que dedicó su vida entera al lenguaje, afásico hasta su muerte, acaecida 1976. Su obra monumental es, sin duda, El vocabulario de la instituciones indoeuropeas. Apareció publicado originalmente en francés en dos tomos, en 1969. Durante algunos años circuló una versión española de la editorial Taurus, en un tomo único (a decir verdad, con una traducción no del todo convincente).

Esta obra tomó forma a partir de las lecciones de Benveniste en el Collège de France recopiladas por Lucien Gerschel. Benveniste las reelaboró y, a veces, las reescribió. Jean Lalot contribuyó a la versión final, con los sumarios, tablas e índices. El indoeuropeo, sostiene Benveniste, se define como una familia de lenguas que surgieron de una lengua común, de la que, con las grandes migraciones, se fueron diferenciando a través de los siglos y milenios. El indoeuropeo, de acuerdo con él, es una realidad lingüística, de la que, sin embargo, no conservamos ningún texto, sino sólo el testimonio de su existencia en las huellas que hacen que esas lenguas —como el sánscrito, el griego, el latín y las lenguas modernas europeas— constituyan, precisamente, una familia. Su descubrimiento fue el eje que revolucionó el estudio de las lenguas en el siglo XIX.

Pero, ¿qué tiene de original el trabajo de Benveniste?, ¿qué hace de su Vocabulario una obra tan significativa para el pensamiento contemporáneo, y no sólo en el campo de la lingüística, sino, en particular, de la filosofía y de la teoría político-social? A diferencia de otros trabajos, como explica Benveniste en la introducción a su obra, su investigación no se ocupó de establecer aquellos elementos comunes a las lenguas antiguas que definían la herencia indoeuropea y permitían reconstruir su civilización. Al contrario, su atención no se focalizó en los elementos comunes, sino en el vocabulario institucional de las diferentes lenguas de esa familia, que no pertenecen en general a ese vocabulario común, pero que pueden ser analizados en su génesis y conexiones indoeuropeas. Expresándolo en otros términos, la tarea que se propuso Benveniste fue estudiar el modo en que determinadas designaciones fueron adquiriendo significaciones múltiples y diferentes, pero relacionadas entre sí. El término “institución”  debe ser tomado aquí en un sentido muy amplio. No sólo en un sentido formal y específico, jurídico podríamos decir; sino en relación con el modo en que la vida es vivida en las lenguas de la familia indoeuropea. Benveniste se ocupa, en efecto, de qué hablamos cuando nos servimos del vocabulario que utilizamos en el orden de la economía, el parentesco, la sociedad, el poder, el derecho y la religión. Basta conocer este trabajo de Benveniste para darse cuenta de las proyecciones que ha tenido en el pensamiento contemporáneo y su aporte fundamental a los debates que son finalmente los nuestros. Algunos ejemplos pueden ser útiles.

En la página 189 del tomo II de la edición original, nos encontramos con esa figura que ha dado lugar a numerosas discusiones actuales a partir de la obra de Giorgio Agamben: el homo sacer. Esta antigua figura del derecho romano, la del que ha sido excluido de la comunidad de los hombres y de cuya vida vida se puede disponer sin estar sometido ni a las leyes de los hombres ni de los dioses, es decir, al que se lo puede matar sin cometer homicidio y sin necesidad de celebrar un sacrificio. Agamben menciona esta figura por primera vez en su obra de 1989, en El lenguaje y la muerte. La referencia a Benveniste no aparece de manera explícita, pero la mención de Festo y el contexto en que ella aparece, la discusión acerca de lo que significa sagrado, remiten precisamente, para el lector advertido, a esa página de Benveniste.

En un contexto más amplio, en las actuales discusiones biopolíticas acerca de las diferentes formas del gobierno de la vida, la figura de Benveniste resulta nuevamente fundamental. Cruzando sus trabajos con los aportes de Georges Dumézil, Benveniste muestra cómo el vocabulario institucional de los indoeuropeos, el modo en que los indoeuropeos vivimos la vida, responde a ese esquema que Dumézil denominó trifuncional, esto es, a la múltiple y relacional perspectiva del derecho, la medicina, la guerra y la economía. En este sentido, podría decirse que en el Vocabulario de Benveniste es posible encontrar una matriz conceptual que ordena y clarifica las discusiones contemporáneas en torno al gobierno de la vida; a pesar de que Foucault, la referencia casi ineludible de todas estas discusiones, nunca lo mencione.

En pocas palabras, en una época donde el sentido de nuestras palabras, particularmente en el ámbito de la política, del poder y de la economía, es objeto de cuestionamientos y análisis, si queremos saber de qué estamos hablando, la lectura de Benveniste debería ser calificada de obligatoria. Además de su Vocabulario, Benveniste publicó una recopilación de sus intervenciones y artículos en los dos tomos que constituyen los Problemas de lingüística general . Recientemente, de manera póstuma, han sido publicadas en Francia sus Derniers leçons. Collège de France (casi inmediatamente traducido al español por Siglo XXI en 2014), sus últimas lecciones de 1968 y 1969. Estas, están precedidas por un extenso prefacio de Julia Kristeva que comienza con una pregunta: ¿qué es un gran lingüista? Si hay que dar un nombre propio, no es difícil adivinar la respuesta.



* Edgardo Castro es doctor en Filosofía por la Universidad de Friburgo, investigador del Conicet y profesor universitario (Unsam).


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